COLUMNA DE OPINIóN
12 de marzo de 2026
Para reflexionar y encausarlo por Manuel Aguirre

Hoy La confusión está presente en nuestra sociedad. Tiempos donde parece que todo es relativo, donde los valores cambian constantemente según la conveniencia y donde muchas veces los actores de política se aleja de su verdadera misión que es el crecimiento de su comunidad<br /> Hace mucho tiempo un hombre iluminó el pensamiento occidental con una verdad que hoy sigue vigente: el orden moral no depende de la moda ni del poder. Tiene raíces profundas.<br /> Este gran pensador como Santo Tomás de Aquino enseñó que existe una ley natural, inscrita en el corazón del hombre. Una ley que nos dice que el bien debe hacerse y el mal debe evitarse. Que la vida debe defenderse. Que la justicia no es negociable. Que la verdad no puede maquillarse.
¿Puede un estado sea Municipal o Provincial o Nacional crecer si abandona esos principios?
¿Puede haber desarrollo verdadero en una sociedad si no hay justicia?
¿Puede haber paz social si no hay virtud en quienes gobiernan el poder y los bienes del estado a su antojo y paladar?
Santo Tomás fue claro: la autoridad no es un privilegio, es un servicio al bien común.
El poder no es para enriquecerse. No es para perpetuarse. El poder es para ordenar la sociedad conforme a la justicia y a su propio crecimiento.
Cuando la política pierde el sentido moral, se convierte en administración de intereses de familia y amigos. Y cuando eso ocurre, el pueblo pierde confianza, pierde esperanza, pierde rumbo.
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Estoy convencido que el bien común está por encima del interés sectorial o partidario.
Creo que la ley debe ser justa, no solo legal que queda en manos de inescrupuloso.
El verdadero progreso está en el conocimiento de cada uno de los ciudadanos con valores, no solo capacitar técnicamente o robotizado.
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Santo Tomás hablaba de cuatro virtudes fundamentales que sostienen una sociedad:
Prudencia, para decidir con sabiduría.
Justicia, para dar a cada uno lo que corresponde.
Fortaleza, para no claudicar ante la presión.
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Templanza, para no dejarse dominar por ambiciones desmedidas.
Preguntémonos con honestidad:
¿Tenemos hoy suficiente prudencia en la gestión pública?
¿Hay verdadera justicia en las oportunidades?
¿Hay fortaleza para enfrentar las mafias y los privilegios?
¿Hay templanza en el ejercicio del poder?
La política necesita volver a la virtud.
No a la agresión vacía.
No al relato cómodo.
No al cálculo permanente.
Necesita carácter moral.
Santo Tomás también enseñó que fe y razón no se oponen. Que la razón ilumina la vida pública. Que la ética no es un obstáculo para el progreso, sino su condición indispensable.
Corrientes tiene historia.
Tiene cultura.
Tiene fe.
Tiene juventud con esperanza.
Pero necesita orden moral. Necesita dirigentes que entiendan que gobernar es servir y que el bien común está por encima del beneficio personal.
Porque una sociedad sin valores puede tener crecimiento económico, pero no tendrá cohesión.
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Puede tener obras, pero no tendrá alma.
Puede tener números, pero no tendrá justicia.
Nosotros queremos una Corrientes con progreso y con principios.
Con desarrollo y con dignidad.
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Con oportunidades y con reglas claras.
Como enseñaba Santo Tomás, el poder debe estar subordinado a la verdad y al bien.
Ese es el desafío.
Ese es el camino.
Y ese es el compromiso que asumimos.
Dr. Manuel Í Aguirre
Ex Diputado Nacional
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